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El Salón del Manga ¿una dimensión a parte?

Esta semana pasada asistimos a la vigésima edición del Salón del Manga de Barcelona, un acontecimiento que esperamos con ansia durante todo el año. El salón duró desde el jueves 30 de octubre al domingo 2 de noviembre, pero ni con esas fuimos capaces de verlo todo, a pesar de esto os haremos un breve resumen de la experiencia de este año.

Este año, después de tantos seguidos asistiendo al Salón del Manga de Barcelona decidimos no ir. Estaba desencantado con el acontecimiento porque el año pasado fue todo muy caótico y, como dice la gente mayor, “ya no es el que era antes”. Pero, de repente Ficomic publicó que en esta vigésima edición iría dedicada a Pokémon. Y, ¿como podía perderse uno de los mayores fans de este universo esta gran ocasión? Así que como quien no quiere la cosa nos acabamos comprando el abono de cuatro días. ¿Imagináis los nervios que sufrimos durante la semana anterior? ¡No nos quedaban uñas!

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Llegado el gran día nos plantamos a las diez de la mañana al gran evento. Queríamos evitar hacer cola ya que sabíamos de buena tinta, que habría gente desde mucho antes que abrieran las puertas para poder entrar de los primeros. El primer salto que me dio el corazón fue cuando justo en la entrada vi a gente repartiendo viseras de Pikachu. Eran adorables y representaban el fin del mundo absurdo, donde si vas por la calle y dices que veneras Pokémon, One Piece o Shingeki No Kyogin (para decir algunos), o bien te miran mal con cara de “madura que ya tienes 20 años” o  “mira el rarito este que habla de dibujos de la tele”. El Salón representa por todos un lugar de encuentro, una dimensión donde nos sentimos a gusto porque podemos expresar aquello que nos apasiona y tenemos con quién compartirlo. De modo que me dirigí muy orgulloso hacia el pabellón dedicado a Pokémon. Allí, vi que realmente, Nintendo había aprovechado para hacer publicidad. Aunque, tampoco le di mucha importancia porque todos estábamos encantados con probar nuevos videojuegos acabados de salir al mercado o probar demos inéditas. Además, de los videojuegos para probar, había varios torneos de Pokémon XY, Super Smash Bros y Pokémon TCG. Era un ambiente muy familiar, además al ser jueves había muchas escuelas y los niños iban a salto de mata por todas partes felices de poder jugar a todo.

En particular me encantó la idea de poner un fotomaton para inmortalizar el momento. Pero el Salón era mucho más que aquel pabellón, y después de toquetearlo  todo fui a pasear por los otros.
La planta baja era donde había los stands, evidentemente lo primero que hice fue dar un vistazo a todas las novedades que traían y así decidir – puesto que me lo habría llevado todo en casa – qué me compraría definitivamente. Me gustó mucho que hubiese tal variedad de artículos, que iban desde figuras de personajes manga hasta teteras y alimentos orientales. Y, es que el Salón es mucho más que manga, es el hecho de acercarse a una cultura enorme, y esto se demostró en la gran multitud de paradas de comida oriental cocinada allí mismo, donde lloré como si fuera  Shin-chan al comer varios tayaki. En la planta superior el ambiente era glorioso, fruto de las exposiciones de bonsáis y  stands donde vendían y daban consejos para el cuidado de éstos, y de ikebana, donde había obras que contemplé como si fueran un Monet. Además, había varios talleres como el de kimonos, el cual estaba siempre lleno de gente haciendo cola y observando la técnica y precisión de las modistas, master class de dibujo manga, con una asistencia espectacular, y demostraciones de artes marciales.

Aparte de dedicar el tiempo a pasear e impregnarme de este buen ambiente, también corrí detrás de los mejores cosplays para poder llevarme un recuerdo más a casa. Además de felicitar a las personas ya que este año el nivel de cosplay era brutal, se notaba que los disfraces estaban trabajados desde hacía meses, hechos a mano en su mayoría. Así que puedo confirmar que los jueces de los concursos de cosplay lo tuvieron muy difícil para elegir el mejor.

El ambiente era increíble, la organización había mejorado de forma espectacular y con la nueva distribución de espacios no se produjeron aglomeraciones de gente puesto que las exposiciones (de sellos de manga y anime, del universo Pokémon, de J-Pop, de bonsais, etc.), los talleres (de manga, kimonos, etc.), los stands, las conferencias y los escenarios estaban distribuidos de forma que no se concentraban en un solo punto, hecho que mejoraba el acceso por todas partes.

En definitiva, esta edición presentó un alto nivel donde todos vamos a poder disfrutar de días magníficos y sentirnos como pez en el agua. Nosotros nos sentimos como un niños pequeños, con zapatos nuevos, con una sonrisa de oreja a oreja y yendo de aquí para allá y de allá para acá. El Salón del Manga de Barcelona representa una dimensión aparte para la gente que apreciamos la cultura oriental.

Autor del post Guiu Muns i Roura (@Granguiu)

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